martes, 26 de enero de 2016

Muestras

Ordenar es mi tarea. Pensé que sería fácil. Ahora más o menos tengo una idea del cansancio diario de otros: 10 horas encerrado, hojeando las mismas páginas, números que no significan algo para ti, pensamientos recurrentes de lo que podrías hacer si no estuvieras ahí, ideas para odiar a quien apenas te destrozó, imágenes del silencio. A lo mejor en unos días recibo algo a cambio. Y eso es todo.
Pienso que los códigos son argumentos que puedo poner en cajas, ordenados y con lujo de presentación. Algunos se repiten y para elegir cuál se queda hay que atender a la fecha más reciente: así pasa con los pensamientos -o así debería pasar, quizás-. 
Ahora pienso en los colores de cada presentación. Bien puede ser que cada color sea el estado de ánimo o el origen del argumento -o pensamiento- que uno tiene. No sería poca cosa, ¿quién recuerda todos los orígenes de sus pensamientos?
Muchas ligas para sujetar un paquete. Mejor sujetemos en paquete un conjunto de pensamientos que forman parte de un mismo código; quizás tienen otro número de serie, pero pertenecen a ese origen. Así no tendríamos que escuchar tantos desvaríos que los demás creen que tienen relación -aunque no digan (ni sepan) qué tipo de relación-.
Hay tanto que arreglar que pensé que nunca podría terminar. Hoy pensé que sí lo lograría, sin embargo tenía en mente que todo era estático, sin cambio. Ingenuo. Lo más reciente llega y nos ocupa más, pero somos ingenuos y creemos que vamos a poder.

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