domingo, 24 de enero de 2016

Medicina

Volé con cuatro alas: debía ir por mi medicina. No eran mis alas, un ser con sangre similar a la mía me las prestó. Bueno, él me dejó volar. Y no es que me haya prestado sus alas, íbamos en las de él. Aún así me dejó volar.
Miré cómo escaneaban la medicina. ¿Quién inventó esa luz de color rojo brillante y transparente? ¿Yo también podría ser registrado con una luz como la medicina? ¿Y para qué querrían registrarme? 
Abandoné el establecimiento con el tesoro. Iba pensando en la condición de mi cuerpo, mis ideas y mi energía: hay que conocerse para saber cuánta dosis puede soportar uno, en qué periodo ingerir y a qué velocidad. Los profanos desconocen esos cuidados. Tener en cuenta esas variables no te hace sensible ni delicado: implica que te conoces; sabes hasta de tus órganos, como si pudieras mirar si les llega la suficiente sangre, oxígeno y demás cosas de nuestras entrañas.

M. Téllez. 

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