miércoles, 7 de octubre de 2015

Quisiera

A continuación se vienen muchos lloriqueos. No importa.
Supongo que no soy el único que se contiene en escribir un estado en FB. Se supone -al menos en mi caso- que tenemos agregados a personas de confianza. Mi lista de amigos no supera los 123, eso me tranquiliza. Siento que están los que ahora deben estar, aunque es probable que sobren unos que otros, tanto amigos como familiares: no me aportan nada e ignoro si ellos leen o ponen atención a lo que publico -que regularmente son burlas, críticas, artículos, citas textuales, invitaciones, etc. (nada de imágenes religiosas ni de llamados a la piedad)-. Con aportar me refiero a personas que te leen, que te critican, que te comparten convocatorias, que publican citas de obras con valor literario -no nos hagamos tontos, las frases cursis las podemos decir todos- y que te brindan ayuda en lo mínimo. Claro, hay amigos que quizás no hacen todo lo que, pero escuchan; eso aporta demasiado. 
He creado distintos espacios para que varias personas publiquen. Desde que era joven -allá en mis 15 ó 16-, siempre me interesaron los grupos de 'intelectuales'. Escuchaba por voces de maestros de los famosos cafés en Francia, veía en películas cuando en pequeñas comunidades se reunían a festejar algo pero terminaban debatiendo con un buen vino algún tema, desde cuestiones políticas hasta artísticas o éticas -entendiendo ética a lo Dworkin-. Un día voy a crear algo así - me decía en aquellos años. Hoy ya casi serán dos años desde que creé el Moira, también he creado ya este blog y publico en otro sitio. Lo único que me inquieta es que las personas no comparten. Sé que varios nos leen -claro, no son miles ni cientos-, pero no nos comparten; ni entre nosotros nos compartimos. Intento compartir lo más que puedo, y lo curioso de esto es que cuando uno comparte, 1) se siente como el típico arwendero de corte chairo que comparte sus ondas rojas o 2) cuando lo haces, hasta ahí llega la cadena. No hay más. Lloriquean de que no hay difusión y cuando forman parte de un proyecto, sea demasiado ínfimo, no hacen más. Jamás voy a entender ese quedarse enano por voluntad. 
No todos mis contactos o conocidos son enanos por voluntad, muchos comparten desde textos hasta comerciales -sean míos o no-. Les agradezco y les digo que continuemos así. 
Quisiera ver compromiso real con quienes me rodeo, aunque cada vez estoy seguro que ellos no están hechos para esto. Ya lo dice Muñoz Oliveira, que no podemos obligar a nadie a ser grande. Lo interesante del caso es que ni siquiera tenemos asegurada la grandeza. Ni siquiera me referiría a esa especie de éxito que todos piensan, sino simplemente hacer, estar satisfecho con ello y que otros sepan de tu responsabilidad para que te inviten a realizar más cosas. Unirse por compañerismo o simple amistad es absurdo. Querer renunciar, aunque de hecho hagas, sólo por lloriqueos, también es absurdo. Conozco a personas que han querido bajarse del barco y no lo hacen, vienen con fuerzas después y luego se les olvida. Son personas que no olvidan un disgusto y esa amargura en su saliva les sigue impidiendo hacer las cosas como es debido; es totalmente absurdo. 
Quisiera ver que la gente atienda los resultados y no si hay beneficios, o si a caso no atienden por un berrinche contigo, o por cualquier motivo ajeno que no sea atender los resultados.
Entiendo la pasividad, por ello es que esto no es una exhortación o un llamado a la piedad o qué sé yo. Prefiero sugerir que no debemos porqué tener miedo, inseguridad o duda de compartir algo. Estoy seguro que muchos son razonables y por ello comprenden que compartir no es complicado, que tal vez se preguntan '¿y para qué?' Pero deberían entender que perjudican con su silencio. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario