-No sé qué podríamos aportar a las personas- le comentó Óscar a Paola, mientras comían mini baguettes.
-Yo tampoco lo sé, pero si es cierto que somos los intelectuales, deberíamos tener algunas respuestas- le respondió Paola, luego de dar una gran mordida a su mini baguette.
-Entiendo, sólo lloriqueaba. La causa que hay detrás del lloriqueo es que me inquieta la gente. Es estúpida. Seguramente Sócrates -por la pluma de Platón- diría que son ignorantes. Tal vez sólo son animales y están lejos de nosotros- dijo Óscar.
-¿Y toda la gente te inquieta?- preguntó Paola. Óscar sopesó la cuestión de Paola en segundos, sabía que la formulaba en parte por la conversación y tal vez para saber si ella formaba parte del conjunto. Óscar sabía que Paola desde hace tiempo buscaba tener una relación con él.
-No lo sé. A veces sí. No entiendo por qué debemos estar a merced de otros, sea una amistad, sea un noviazgo, eso incluye soportar su insensatez o errores que bien pueden evitar. La gente siempre está lloriqueando por el amor, al menos lo que creen que es el amor, y buscan a alguien que siempre esté con ellos. Se engañan. Nunca alguien podrá estar siempre ahí, estamos solos y deberíamos entenderlo. Paola guardó silencio, miró a Óscar y notó que hablaba en serio, luego tiró la servilleta de su mini baguette en un bote de basura, se recargó en la banca donde comían y observó a la gente.
-Pero... no todas las presencias me enferman - puntualizó Óscar.
-No te creo - dijo Paola con una sonrisa, sin dejar de mirar a la gente.
-Haces bien -señaló Óscar-, ya vámonos.
-Todavía falta para la conferencia, quedémonos un momento más, ¿sí?
-Está bien.
-Aquí muchas cosas parecen iguales.
-Aquí yo no veo bien, sóplame un ojo - dijo Óscar mientras se reía.
-Tonto - le increpó Paola.
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