No entiendo por qué no nos enseñan a pensarnos de otra manera- se cuestionaba Gabriel. Las preguntas -tal vez algunas de corte filosófico- lo asechaban desde años atrás. Gabriel pensaba estudiar Historia o Filosofía, pero sus padres no se lo permitieron. Eligió Administración de Empresas por tal impedimento. Le causaban gracia las lecturas que le dejaban y más gracia le causaba cuando le pedían maquetas como tarea.
Pensé que esto ya era la universidad- le decía a sus compañeros. Gabriel entendía que muchos de sus comentarios no eran del agrado de los demás, pero no tenía reparos por sus palabras, tampoco por sus acciones en muchos casos. Si por mi fuera -pensaba-, sería como Diógenes de Sínope, me masturbaría en el salón, aunque claro que Diógenes lo hacía en la plaza pública.
A pesar de su desdén por las actividades académicas de su carrera, las cumplía. Y a pesar de estar la mayor parte del tiempo solo, leyendo o acostado en alguna jardinera, tenía esa facilidad de agradar a las personas. Cualidad que a él lo fastidiaba. No tanto cuando se trataba de mujeres. Ciertas mujeres.
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